Estados Unidos corrige el relato…
Estados Unidos ajusta el relato…
Si alguien pensaba que la retórica bélica y dramática de Washington sobre Venezuela era meramente retórica, la realidad reciente ha demostrado que Estados Unidos no se anda con medias tintas cuando quiere convertir un relato en una operación militar de gran calado. Primero se construye una narrativa explosiva; luego se actúa con fuerza; y solo después se hace una pequeña corrección legal. Así, con esa hábil secuencia de pasos, hemos llegado a lo que está ocurriendo en Venezuela “hace nada”.
Durante años, la administración Trump repitió sin descanso que Nicolás Maduro era nada menos que el jefe de un poderoso cártel de drogas llamado Cartel de los Soles —una organización criminal con armas a lo “Narcos meets James Bond”— y que era una amenaza directa sobre Estados Unidos. Esa acusación, que apareció repetida decenas de veces en una imputación de 2020, terminó siendo desinflada tras su captura: ahora Washington admite que el Cartel de los Soles no es un cártel organizado, sino un término coloquial para describir corrupción y clientelismo. (euronews)
Pero entre el relato y la realidad hubo pasos bastante agresivos. El pasado fin de semana, Estados Unidos bombardeó objetivos en Venezuela en una operación sin precedentes desde la Guerra Fría, con decenas de muertos reportados, capturó a Nicolás Maduro y a su esposa, y los trasladó en helicóptero desde Caracas hasta Nueva York para enfrentarse a cargos criminales en tribunales estadounidenses. Esa acción fue calificada por algunos comentaristas como un verdadero secuestro de un jefe de Estado en funciones y generó críticas por violación de la soberanía nacional de Venezuela. (Univision)
A partir de ahí vino la parte más interesante: con Maduro ya bajo custodia en Estados Unidos, el Departamento de Justicia publicó una versión “revisada” de la acusación original, que ya no afirma que el Cartel de los Soles sea una organización criminal real, sino simplemente una forma de describir la corrupción acumulada por años de narcotráfico dentro del Estado venezolano. Una forma elegante de decir “bueno, tal vez nos pasamos con la narrativa”. (euronews)
Y ahora: ¿qué viene después? El petróleo.
Donald Trump no tardó en dejar claro su próximo objetivo: las enormes reservas petroleras de Venezuela. Con más de 300.000 millones de barriles —las mayores conocidas en el mundo— el país caribeño siempre ha sido una tentación estratégica para cualquier potencia con apetito energético. Trump ha sido explícito en sus declaraciones tras la operación: dijo que Estados Unidos “dirigirá” Venezuela hasta que se produzca una transición “segura y apropiada”, y aprovechó para asegurar que las grandes petroleras estadounidenses entrarán al país para reparar su infraestructura y explotar sus recursos. (Bloomberg Law)
Según Trump, “vamos a hacer que nuestras grandes petroleras estadounidenses, las más grandes del mundo, entren, inviertan miles de millones de dólares, reparen infraestructuras y comiencen a generar ganancias” —un eufemismo bastante directo para decir que Estados Unidos ve a Venezuela como una enorme fuente de petróleo que ha estado desperdiciada o mal manejada. (Diario Público)
El presidente norteamericano incluso ha dicho que esta presencia petrolera será tan importante que el embargo sobre el crudo venezolano permanecerá en vigor —para que él pueda controlar mejor cómo y cuándo se explotan esos recursos. (investing.com)
Mientras tanto, líderes como Marco Rubio han reiterado la idea de que Estados Unidos seguirá aplicando presión usando el sector energético como palanca, incluso aunque la retórica oficial diga que no se trata de simplemente “asegurar campos petroleros”. (https://www.wdam.com)
El contraste no podría ser más crudo:
Washington pasó años repitiendo que Maduro dirigía un cartel casi cinematográfico que planeaba inundar Estados Unidos de cocaína. Esa historia fue fundamental para justificar sanciones y presión internacional.
Luego, sin pruebas judiciales concluyentes, lanzó una operación militar masiva contra un país soberano, bombardeó y causó muertos, y sacó por la fuerza a un presidente que ahora está encarcelado en la otra punta del continente.
Solo después de esta intervención se ajustó la versión legal sobre el Cartel de los Soles, admitiendo de forma implícita que la narrativa original era excesiva.
Y ahora, con Maduro fuera del juego, Estados Unidos ha puesto el petróleo venezolano en el centro de su estrategia: “lo arreglaremos, lo explotaremos y lo venderemos”.
Para colmo, estas declaraciones han tenido impacto inmediato incluso en los mercados financieros, con subidas en las acciones de grandes petroleras estadounidenses ante las expectativas de futuros contratos y negocios en el sector. (Yahoo Finanzas)
Mientras tanto, en Caracas la situación es de máxima incertidumbre; líderes políticos locales discuten quién debe gobernar, la comunidad internacional se divide ante lo que algunos califican de intervención imperial, y el pueblo venezolano observa, entre indignado y exhausto, cómo su país se convierte en objeto de ambiciones ajenas.
Así que, por si alguien tenía dudas: sí, Estados Unidos ha cambiado la narrativa legal sobre Venezuela, pero sobre el terreno ha actuado primero y ha ajustado la historia después… y ahora quiere quedarse con el petróleo que tanto tiempo criticó, al menos en palabras. Una curiosa mezcla de justicia, geopolítica y negocio energético. Como diría un comentarista con ironía: primero la bomba, luego el discurso, y después la factura petrolera.
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